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lunes, 13 de febrero de 2012

¿Cuánto pagamos de más por culpa de la evasión fiscal?

| Actualizado 12 Febrero 2012 - 18:22 h.
 

Como ya hemos señalado en ocasiones anteriores, nuestro país se ve lastrado por una tasa de economía sumergida superior al 23,3% de su Producto Interior Bruto, lo que equivale a unos 245.000 millones de euros. Ahora bien, ¿cómo se traduce esto en la práctica?

La respuesta es, si me permiten, indignante. Y es que cada ciudadano español carga ni más ni menos que con 839 euros de más cada año –entre 200 y 300 euros más los vascos, madrileños y navarros- en concepto de impuestos y cuotas sociales para compensar la evasión fiscal y poder mantener el estado del bienestar con el nivel actual de prestación de servicios públicos e inversiones, ahora un tanto incierto.

Dicho de otra manera, los contribuyentes -y principalmente aquellos que estamos controlados a través de las rentas del trabajo- somos quienes estamos pagando de nuestro bolsillo lo que otros muchos -en su mayoría grandes empresas y fortunas- dejan de pagar gracias a instrumentos legales de elusión fiscal, a los que habría que poner coto de manera efectiva.



Carlos Cruzado,
Presidente de los Técnicos de Hacienda (GESTHA)

viernes, 14 de octubre de 2011

Un político, trece cargos

Un aplauso para el plusmarquista nacional de pluriempleo político, el insigne Agustín González. Nuestro hombre, del que tal vez nunca hayan oído hablar a pesar de su asombrosa ubicuidad, es alcalde de El Barco de Ávila por el PP. Y presidente de la diputación de Ávila. Y presidente de Caja Ávila. Y presidente de ASIDER, la asociación que gestiona en la zona los fondos europeos. Y presidente de la mancomunidad de servicios de Barco y Piedrahita, que se ocupa del agua o la recogida de basuras. Y presidente de la Fundación Cultural Santa Teresa. Y consejero del Banco Financiero de Ahorros, la matriz de Bankia.

De momento van siete cargos al mismo tiempo, pero el pluriempleado Agustín González ocupa algunos puestos más, a medida que se bucea en las cuentas de Caja Avila. González no sólo es el presidente del consejo de administración de la caja. También es el presidente de la comisión ejecutiva. Y presidente de la comisión de retribuciones, que decide los salarios. Y presidente de la comisión de obra social, que es la que elige los proyectos que patrocina la caja.

Pero su currículum no acaba aquí. Agustín González llegó a tener otros tres cargos más, hasta sumar trece. Hasta hace un año, también era presidente de la Federación de Cajas de Ahorro de Castilla y León. Y presidente del consejo de administración del grupo de supermercados El Arbol. Y presidente de Madrigal Participaciones, una sociedad de inversión de las cajas.

¿Se puede ser al mismo tiempo un buen alcalde, un buen presidente de la Diputación, un buen presidente de la Caja y un buen consejero de administración de otras tantas empresas? ¿Cuánto cobra entre sueldos y dietas el señor Agustín González?

miércoles, 12 de octubre de 2011

"Europa no está unida ni se unirá"

El filósofo José Luis Sampedro ofrece una conferencia magistral sobre su vida y el agotamiento del sistema capitalista, en la Fundación Juan March

PEIO H. RIAÑO MADRID 12/10/2011 15:06 Actualizado: 12/10/2011 15:06

El maestro ha vuelto a hablar. Va donde le llaman, lo mismo en la plaza del Dos de Mayo, que en la Fundación Juan March, donde ayer ofreció una conferencia magistral titulada Autobiografía intelectual. Allí, en el centro del imperio cultural del banquero, soltó varias bombas contra la voracidad capitalista. "Los economistas se dividen en dos: los que hacen más ricos a los ricos y los que hacen menos pobres a los pobres. Buena parte de lo que está pasando hoy tienen la culpa los primeros", y el aforo, hasta la bandera, estalla en aplausos. Han dicho de él que como economista tiene un problema: nunca ha sabido hacer dinero, y él confirma que siempre le interesaron más los efectos sociales. Su mujer, Olga Lucas, que condujo el encuentro, apuntó que tiene una "mancha en su currículo": casi todos los ministros de economía de este país han sido alumnos suyos, Boyer, Solchaga, Solbes, Salgado "Hasta el director de El Corte Inglés".
Antes, a los 30 años de edad, trabajó para un ministro de Comercio en el váter de su despacho, que era "muy amplio". Allí tenía una mesita y con eso le bastaba. De hecho, ha escrito durante toda su vida sobre una tabla roída que apoya sobre los brazos de su butacón. Aquel ministro no quería tenerlo lejos, le consultaba constantemente y un buen día le pasaron una visita a su despacho: Juan March. Le advirtió que no se preocupara, que estar en el cuarto de baño, aunque fuera en su compañía, era "un honor". El humor no le ha abandonado, como tampoco lo ha hecho la lucidez, ni la memoria.
"Para falangistas y comunistas fui un peligro fusilable", recuerda Sampedro

La vida en un suspiro

Tras pasar sus recuerdos por la guerra y la posguerra, "mucho más ancha y larga que la guerra"; tras reconocer que él es un inmigrante que pertenece a un país que ya hadesaparecido: España, año 1935, hundida en el fondo del olvido; después de hablar de su paso por el batallón de anarquistas, de los que aprendió un credo claro e imborrable, "Ni Dios, ni amo", y asegurar que a los 9 quería ser jesuita y a los 19 anarquista; de reconocer que por aquel entonces él era más bien de derechas, porque le hablaban de crímenes, él sabía que no habían ganado "los suyos" (también combatió en el bando sublevado cuando Santander cae en sus dominios); tras subrayar con especial cariño el esfuerzo educativo de José Vidal-Beneyto en el proyecto CEISA, que duró apenas tres años porque "tenía un rigor y una fuerza tal que alarmó a las autoridades franquistas". Después de toda una vida abreviada en un suspiro: "Para falangistas y comunistas fui un peligro fusilable", entró a fuego con los problemas que ocupan nuestros días.
Primera mordida: la enseñanza. "Bolonia es el final de la universidad de siempre", lanzó agrio y abatido. "La universidad de siempre era la que se hacía para saber, la que se estudiaba para desprenderse de prejuicios, la que confirmaba que imperaba la razón. Ahora se pretende una universidad para hacer, para ofrecer productividad. Hoy las tres diosas del capitalismo son la productividad, la competitividad y la innovación. La universidad se hizo para pensar. Hoy hablamos de la necesidad de la libertad de expresión, ¿pero qué pensamiento va a usted a expresar? La libertad de pensamiento es esencial para pensar por cuenta propia, para apartarse de un pensamiento dogmático", dijo. A la grada hambrienta de intelectualidad y experiencia tiró otro axioma con ovación: "La sabiduría es el arte de vivir y lo importante es vivir al máximo".
Contó cómo trabajaba en el cuarto de baño del despacho de un ministro de Comercio

Un futuro oscuro

Segundo mordisco: Europa. Reconoce que ha evolucionado hacia el escepticismo. Vio nacer Europa, en los años cincuenta, con el Benelux, tuvo "entusiasmo europeísta para eliminar a Franco". Recurre a una imagen habitual de quien no quiere atender: "Europa está reunida", dando a entender que no atiende, que comunica. "Europa está hundida y con ella se hunde el capitalismo. No hace nada de lo que tenía que hacer, llevan 50 años tratando de ponerse de acuerdo, pero han fracasado porque el sistema capitalista está agotado. Asistimos a la decadencia de Europa: no se ha unificado, ni se unificará", sentenció el economista.
Antes de acabar quiso aclarar que él como novelista una docena de títulos ha escrito por necesidad. "No sé si bien o mal, pero lo he hecho lo mejor que he podido". Y retomó el último consejo de la tarde: "Nuestro deber y felicidad es llevar la vida al máximo. Para ello necesitamos la libertad, que la vida sea nuestra, que no nos la impongan". Un alegato a la humanidad y a la convivencia. Y recuperó su imagen favorita y más acertada: la libertad es una cometa bien atada, cuando más sujeta más alto vuela.

Público

domingo, 24 de julio de 2011

Democracia y justa indignación ADELA CORTINA 24/07/2011

En un reciente artículo publicado en este mismo diario, Antoni Doménech y Daniel Raventós proponían alternativas viables para ayudar a salir de este caos económico y político, que perjudica a todos, pero especialmente a los más débiles. No puedo estar más de acuerdo, y quisiera insistir en que hay alternativas a lo que sucede, alternativas que pasan por construir democracias auténticas y por dar cuerpo con nuevas fórmulas al Estado Social de Justicia, la gran aportación de Europa. En ello y en el diseño de una gobernanza global creo que nos jugamos el futuro. En lo que hace a la democracia, sería el momento de instaurar una bien entendida democracia deliberativa.
La democracia deliberativa es representativa, sabe que el mejor modelo consiste en la participación del pueblo en los asuntos públicos a través de representantes elegidos, a los que pueden exigirse competencia y responsabilidades. Pero exige llevar a cabo al menos cuatro reformas: perfeccionar los mecanismos de representación para que sea auténtica, dar mayor protagonismo a los ciudadanos, tratar de asegurar a todos al menos unos mínimos económicos, sociales y políticos, y propiciar el desarrollo de una ciudadanía activa, dispuesta a asumir con responsabilidad su protagonismo.
En lo que hace a la primera tarea, conseguir una mejor representación no es fácil, pero cabría ir proponiendo sugerencias como asegurar la transparencia en la financiación de los partidos para evitar la corrupción; confeccionar listas abiertas, que permiten a los ciudadanos no votar a quienes no desean y quitan fuerza a los aparatos, evitando en cada partido el monopolio del pensamiento único; eliminar los argumentarios, esos nuevos dogmas a los que se acogen militantes y medios de comunicación afines, impidiendo que las gentes piensen por sí mismas; prohibir el mal marketing partidario, que consiste en intentar vender el propio producto desacreditando al competidor, olvidando que el buen marketing convence con la bondad de la propia oferta; penalizar a los partidos que, al acceder al poder, no cumplen con lo prometido ni dan razón de por qué no lo hacen; acabar con la partidización de la vida pública, con la fractura de la sociedad en bandos en cualquiera de los temas que le afectan; propiciar la votación por circunscripciones, favoreciendo el contacto directo con los electores.
Estas serían algunas propuestas para mejorar la representación, pero la buena representación, con ser esencial, no es el único camino para que los ciudadanos expresen su voluntad.
Es necesario multiplicar las instancias de deliberación pública, en comisiones, comités y otros lugares cualificados de la sociedad civil, impulsar las "conferencias de ciudadanos", y abrir espacios para que las gentes puedan expresar sus puntos de vista. Este es el espacio de la opinión pública -no solo publicada-, indispensable en sociedades pluralistas, que hoy se amplía en el ciberespacio, pero sigue reclamando lugares físicos de encuentro, de debate cara a cara, porque nada sustituye la fuerza de la comunicación interpersonal.
Un paso más consistiría en delimitar, como mínimo, una parte del presupuesto público, y dejarla en manos de los ciudadanos para que decidan en qué debe invertirse, mediante deliberación bien institucionalizada y controlada, aprendiendo de experiencias como las de Porto Alegre, Villa del Rosario, Kerala y una infinidad de lugares no tan emblemáticos a lo largo y ancho de la geografía. Y someter a referéndum cuestiones vitales para la marcha del país, siempre que hubiera amplios debates sobre los temas en discusión, con la inclusión de conferencias de ciudadanos.
Todo esto tiene sentido, claro está, asegurando a todos al menos unos mínimos cívicos, económicos y políticos, que es a lo que se compromete el Estado Social de Derecho, que es el nombre político del país en el que vivimos, y propiciando que exista una ciudadanía activa, consciente de sus derechos y también de sus responsabilidades.
La meta consiste, como es obvio, en ir consiguiendo que los destinatarios de las leyes, los ciudadanos, sean también sus autores, a través de la representación auténtica y la participación de los afectados.
Algo así es lo que promete el término "democracia", que usamos para el mejor sistema de gobierno experimentado hasta la fecha. Pero cuando las promesas no se cumplen, cuando hay un abismo entre las expectativas legítimas y las realizaciones porque el paro es escandaloso, aumenta la pobreza, las hipotecas no se pueden pagar, se deteriora la sanidad pública, crece la corrupción, se destruye la separación de poderes, se "fugan" a Alemania o Estados Unidos los mejor preparados y Bildu ocupa puestos de responsabilidad pública, surge la indignación en muy diversos sectores, y no cabe decir que las gentes se desinteresan de la política: se desinteresan de un modo de funcionar la política al que no le importan sus problemas.
Sin capacidad de indignación -decía Nancy Sherman- podemos no percibir las injusticias. Pero una vez percibidas, con sentido de la justicia, se hace necesario buscar los caminos para acabar con ellas y tal vez la democracia deliberativa sea un buen mecanismo para ello.

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http://www.elpais.com/articulo/opinion/Democracia/justa/indignacion/elpepuopi/20110724elpepiopi_5/Tes