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miércoles, 11 de enero de 2012

LA ESQUIZOFRENIA DE NACIONES UNIDAS:

LA ESQUIZOFRENIA DE NACIONES UNIDAS: Una lucha sin medios contra el hambre - Jean Ziegler
2001-11-01  -   -  7.5

En vista de las "circunstancias internacionales," la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) anuló la segunda cumbre mundial sobre la alimentación que estaba prevista para este mes y que debía celebrarse en Roma. Pero aún existen en el mundo 800 millones de personas que carecen de comida. En 1996 la comunidad internacional se fijó el objetivo de reducir esta cifra a la mitad para el año 2015. Entre tanto, a menos que se modifique el orden económico vigente, el "derecho a la alimentación" quedará simplemente en buenas intenciones.
Todos conocemos la magnitud de la tragedia: 36 millones de personas murieron el año pasado por culpa del hambre y sus consecuencias inmediatas: enfermedades deficitarias, kwashiorkor, etc. La agricultura mundial podría alimentar normalmente a 12000 millones de seres humanos, es decir aportar a cada individuo una alimentación equivalente a 2700 calorías al día. Y, sin embargo, en este planeta sólo vivimos 6.000 millones de personas.
El hambre y la desnutrición no se deben en modo alguno a la fatalidad ni a una maldición de la naturaleza. Tal y como escribió Josué de Castro hace medio siglo, la ecuación es simple: los que tienen dinero comen; los que carecen de dinero sufren hambre, las mutilaciones que ésta acarrea, y con frecuencia mueren (1). El que muere de hambre es víctima de un asesinato. Sin embargo las Naciones Unidas, las organizaciones no gubernamentales y los estados "civilizados" afrontan de manera diametralmente opuesta este genocidio silencioso. En realidad existen dos posturas contrapuestas.
El capitalismo fija el precio de los alimentos
En la Conferencia Mundial de Derechos Humanos que tuvo lugar en Viena en 1993 se proclamaron los derechos económicos, sociales y culturales. Fueron añadidos con carácter complementario, equivalente y universal a los derechos civiles aprobados en 1948. El derecho a la alimentación, que fue aceptado por todos los países menos por los Estados Unidos, figura en primera línea. "El derecho a la alimentación adecuada se ejerce cuando todo hombre, mujer o niño, ya sea sólo o en común con otros, tiene acceso físico y económico, en todo momento, a la alimentación adecuada o a medios para obtenerla." El contenido básico del derecho a la alimentación adecuada comprende "la disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad suficientes para satisfacer las necesidades alimenticias de los individuos, sin sustancias nocivas, y aceptables para una cultura determinada. Está inseparablemente vinculado a la dignidad inherente de la persona humana" (2).
El derecho a la alimentación, aprobado en 1996 por la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de la FAO, constituye una ruptura epistemológica: la producción, la distribución y el transporte de alimentos dependían hasta entonces por completo del mercado. Un saco de arroz, un litro de leche o un quintal de trigo se consideraba una mercancía como cualquier otra. El libre mercado capitalista se encargaba exclusivamente de eso. Por otra parte, hasta el día de hoy, es la Bolsa de Materias Primas Agrícolas de Chicago (Chicago Commodity Stock Exchange) la que, en los días laborables, fija el precio de los principales alimentos. Seis empresas multinacionales del sector agroalimentario y de las finanzas controlan esta bolsa. Los precios fijados diariamente son casi siempre fruto de complicadas especulaciones entorno a contratos a plazos, pirámides de derivados y otras variables.
Alimentación vs. Consenso de Washington
Debido al creciente número de bajas causadas por la desnutrición y el hambre, la mayoría de los países cree que la distribución de alimentos no puede seguir dependiendo del libre juego de la oferta y la demanda, aunque la ayuda humanitaria de urgencia dispensada por los gobiernos y las ONG - Programa Mundial de Alimentos (PMA), Unicef, Acción contra el Hambre, etc.- acuda periódicamente en auxilio de las víctimas y marginados del mercado.
En abril de 2000, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU encargó a un relator especial la elaboración de la nueva norma de derecho internacional y la formulación de propuestas para hacerla efectiva (3). Al derecho a la alimentación, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial, el Ministerio de Hacienda estadounidense y las grandes empresas privadas multinacionales contraponen lo que se conoce como el Consenso de Washington (4). Éste tiene cuatro preceptos invariables y universales, aplicables a cualquier economía en cualquier periodo histórico y en cualquier continente: privatizaciones, desregulación, estabilidad macroeconómica y recortes presupuestarios.
El Consenso de Washington es en realidad un conjunto de pactos entre caballeros elaborados a lo largo de los años 70 y 80 entre los organismos financieros internacionales y la Reserva Federal estadounidense, con el objetivo de suprimir de manera progresiva las medidas reguladoras impuestas por los gobiernos en los mercados financieros y conseguir, en última instancia, la liberalización total del mercado (5). Para los funcionarios del FMI, la OMC, el Banco Mundial y el Ministerio de Hacienda norteamericano, el Consenso de Washington es la Biblia que determina sus prácticas cotidianas; sus dogmas de fe son la base del credo monetarista. Para la población del tercer mundo, las consecuencias de este enfrentamiento entre el derecho a la alimentación y el Consenso de Washington son catastróficas.
El FMI y el hambre, las pesadillas de Níger
Las instituciones de Bretton Woods, la OMC y el Ministerio de Hacienda de los EEUU disponen de unas influencias y un poder financiero infinitamente superiores a los de la FAO, el PMA, Unicef, la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.
Pongamos por caso a Níger, el segundo país más pobre del mundo según el índice de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en el año 2000. Habitado por algunas de las civilizaciones más maravillosas de la humanidad (Hausa, Djerma, Tuareg, Fulani ), este país se extiende a lo largo de 1´2 kilómetros cuadrados. Pero sólo un 3% de su territorio es cultivable. Tras dos golpes militares en los últimos diez años, sus instituciones democráticas parecen actualmente consolidadas. Sin embargo dos plagas azotan el país: el FMI y el déficit alimentario. La cosecha del año 2000 fue pobre y el déficit de las reservas de mijo supera las 160000 toneladas. El gobierno de M. Hama Amadou está logrando hacer frente al déficit alimentario a través de insistentes contactos con las organizaciones internacionales, los gobiernos occidentales y Japón. Hasta la fecha, nadie ha muerto de hambre. Pero a su vez, el FMI impone a Níger, cuya deuda externa es superior a 1´6 billones de dólares, un programa draconiano de ajuste estructural además de una profunda terapia de privatización y liberalización.
Las amenazas de la privatización
Gracias a la profesionalidad de sus ganaderos y a la particularidad de su suelo, rico en sales minerales, Níger posee el ganado vacuno, lanar y de camellos más famoso de todo el Sahel. Gran parte de sus 20 millones de reses de todo tipo son exportadas a los sultanatos del norte de Nigeria, a Bamako (Malí) y a las ciudades de la costa atlántica. Millones de familias subsisten gracias a la venta de estos animales. No obstante, la privatización del Departamento Nacional de Veterinaria acarrea graves consecuencias. Muchos ganaderos ya no pueden pagar los precios desorbitados que les exigen los comerciantes privados por las vacunas, las vitaminas y los medicamentos antiparasitarios. Ya no existe el menor control respecto a la validez de estos productos. Niamey se encuentra a casi 1000 kilómetros de los puertos atlánticos de Cotonou, Lomé y Abiyán y los comerciantes venden a menudo vacunas y medicamentos caducados. Los animales mueren. Las familias se arruinan.
La privatización desenfrenada también amenaza la Agencia Nacional de Productos Alimenticios de Níger (ONPVN). La ONPVN tiene una flota de camiones de altas prestaciones y conductores experimentados. A lo largo de este inmenso país se esparcen 11000 aldeas y campamentos permanentes, muchos de ellos de difícil acceso. En épocas de hambruna, la ONPVN les suministraba semillas y provisiones de emergencia, pero la adquisición de la flota de camiones por parte de empresas privadas amenaza la continuidad de estos servicios a partir de ahora. Las empresas privadas de transportes, como es lógico, operan según criterios de rentabilidad económica y despiden al conductor que asuma el más mínimo riesgo atravesando una pista accidentada. Por consiguiente, muchas aldeas han dejado de recibir suministros.
La esquizofrenia de la ONU
La OMC prescribe de manera acertada que ningún animal sea exportado de una región donde exista una epidemia o un foco de infección. Pero con el férreo régimen del FMI, al cual el gobierno de Níger se encuentra totalmente subyugado, ya no hay ningún laboratorio central digno de ese nombre que facilite certificados de no contaminación a los ganaderos. Los animales se venden a comerciantes de Nigeria, Benín y Malí en el mercado semanal de Belayara y esos comerciantes se aprovechan hábilmente de la falta de certificados para abaratar los precios de venta en el mercado.
Lo que está pasando en Níger también sucede, con algunas variaciones, en Guinea-Conakry, Mauritania, el Chad y en cualquier lugar del inmenso tercer mundo. Los programas de ajuste estructural impuestos por el FMI repercuten negativamente en las condiciones nutricionales y sociales de la mayoría de estos países. Oxfam, la célebre ONG inglesa, analizó el programa impuesto en Zambia a principios de los años 90 y concluyó que el producto interior bruto del país no había crecido desde 1991, la economía no se había estabilizado, la renta per capita había disminuido y que, en la actualidad, el 70% de la población vive en la extrema pobreza (6).
En cuanto a progreso se refiere, la ONU vive en plena esquizofrenia. Los meses de verano, en el Palacio de las Naciones de Ginebra, se reúne el Consejo Económico y Social (Ecosoc), que supuestamente debería velar por la coherencia y coordinación de todos los programas de ayuda e inversión de las distintas agencias. En la reunión participan todos los directores y directoras de las organizaciones especializadas, los "programas", los fondos y las agencias de la ONU. Pero el FMI y el Banco Mundial, que forman parte de la ONU (no la OMC), hacen frente común a favor de un funcionamiento más eficaz y libre posible del mercado financiero, recusando en la práctica el derecho a la alimentación. Frustran constantemente los pequeños avances en materia de desarrollo humano logrados por la Unicef, la FAO, el PMA, la OMS y otras agencias en los países del hemisferio sur.
El "Pacto Global" de Kofi Annan
¿Debemos denunciar, como hacen muchos autores, entre ellos Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel de 2001 y antiguo vicepresidente del Banco Mundial (7), la ausencia de dirección política de la ONU? Nada más lejos de la realidad. Con coraje y determinación, el Secretario General, Kofi Annan, hace todo lo que está a su alcance. Pero ¿cómo se puede competir con el poder conjunto de las oligarquías financieras multinacionales y sus mercenarios de las instituciones de Bretton Woods y la OMC? Annan es un ferviente defensor del derecho a la alimentación, pero no hay esperanzas de que pueda reformar el Banco Mundial y el FMI, enfrentarse a la OMC o meter en razón al Ministro de Hacienda estadounidense.
Por ese motivo decidió dirigirse directamente a los grandes empresarios mundiales con la propuesta de que firmaran un Pacto Global con la ONU. Annan presentó esta idea por primera vez en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos el 31 de enero de 1999. El Foro es una reunión anual entre los dirigentes de las 1000 compañías multinacionales más poderosas. Para ser admitido en el "Club de los 1000," su nombre oficial, hay que dirigir un imperio bancario, industrial o de servicios que facture al año más de un billón de dólares. El Pacto Global cuenta con nueve principios; en el documento oficial, establecido por los servicios del Secretariado General, se explica cada uno de estos principios, que incluyen la protección del medio ambiente, del empleo y de las libertades públicas, la justicia social, las relaciones norte-sur, etc.
La lucha por una nueva sociedad civil
En el refugio del congreso, situado en el centro de la pequeña ciudad helvética, en aquel helado mes de enero, Kofi Annan pidió a los amos del mundo que adoptasen y aplicasen los principios del Pacto Global en sus actividades cotidianas y que apoyasen su implementación por parte de las autoridades públicas y los gobiernos.
Con su discurso, Kofi Annan pidió al zorro que vigilara el gallinero. ¡A los magnates allí presentes les encantó! Se pusieron en pie para ovacionar al Secretario General y su Pacto durante varios minutos. Y no sin motivo. Cada empresa firmante obtiene el derecho a exhibir el logo blanquiazul de la ONU en todos sus folletos, documentos, envíos publicitarios, etc. Una mina de oro en términos de relaciones públicas y marketing. Entre los signatarios figuran las principales empresas multinacionales de la alimentación. Ni el Secretario General de la ONU ni ninguna otra persona ejerce el menor control sobre la aplicación práctica del Pacto Global por parte de estas empresas.
¿Cómo acabará la batalla entre el derecho a la alimentación y el Consenso de Washington? Nadie lo sabe. Pero la movilización de una nueva sociedad global y su implicación en la batalla será decisiva.

JEAN ZIEGLER: Escritor, profesor de la Universidad de Ginebra, relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, autor de El hambre en el mundo explicada a mi hijo, Seuil, Paris, 2000
(1) Josué de Castro, Geopolítica del hambre, Barcelona, Guadarrama, 1975.
(2) Observación general nº 12 sobre el Artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, documento de la ONU HRI/GEN/1/Rev. 5, 26 de abril de 2001.
(3) Resolución nº 2000/10 del 17 de abril de 2000, 52ª reunión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, Ginebra, 2000.
(4) Moisés Naim, "Una camisa de fuerza para los países pobres," en Le Monde Diplomatique, marzo de 2000..
(5) Para una interpretación crítica del Consenso de Washington, véase "A la recherche d´alternatives ? Un autre monde est-il possible?", Alternatives Sud, vol VIII, 2001, No 2, Centre tricontinental, Université de Louvain-la Neuve, L´Harmattan, París, 2001.
(6) Oxfam, Liberalisation and poverty. An Oxfam research project, Londres, 2000. Apéndice B: Zambia.
(7) Joseph Stiglitz, en New Republic, Nueva York, 4 de junio de 2000.
Traducción: Daniel Sánchez Fuster
Aithne.net

lunes, 31 de octubre de 2011

La fiebre de cultivos perturba África

La carrera internacional para explotar tierras fértiles en el continente amenaza el equilibrio en el reparto del agua y espolea protestas de comunidades campesinas

Madrid 30 OCT 2011 



La pugna para el acceso al petróleo, al gas y a los minerales es una fuerza subterránea que ha contribuido significativamente a plasmar el mundo moderno. En el siglo XXI, se hace cada vez más evidente que, para comprender las relaciones internacionales, a esos factores habrá que añadir otro: el acceso a tierras fértiles.

La carrera por el control de superficies cultivables está en pleno desarrollo. La poderosa subida de los precios de los alimentos ocurrida en 2007-2008 impulsó el fenómeno. Muchos gobiernos de países dependientes de las importaciones de alimentos se convencieron de la necesidad de reducir su vulnerabilidad comprando o alquilando tierra en otros países. En 2011, tras un par de años de relativa calma, los precios han estado constantemente por encima del pico de 2008, según el índice elaborado por la Organización para los Alimentos y la Agricultura de la ONU (FAO, por sus siglas en inglés). La fiebre de los cultivos sigue ardiendo y, según vaticinan los expertos, no hay visos de que vaya a remitir a corto y medio plazo.

África es el principal escenario de la carrera. La falta de transparencia de muchos acuerdos y la ausencia de fiables registros públicos en varios países impide perfilar estadísticas exhaustivas a escala global acerca del fenómeno. Pero los datos disponibles indican que este es de amplísimas proporciones, con contratos que cubren extensiones de miles de kilómetros cuadrados. Tan solo en Etiopia, Mozambique, Sudán y Liberia, unos 43.000 kilómetros cuadrados fueron vendidos o arrendados a inversores extranjeros entre 2004 y 2009, según datos oficiales recopilados por el Banco Mundial. Se trata de una superficie equivalente al territorio de Suiza. Si se tiene en cuenta que son muchos los países que —en África, pero también en otros continentes— viven experiencias similares, la magnitud del asunto es evidente.
El incremento de la población mundial, la dieta más rica de millones de personas en países emergentes y la creciente cantidad de cultivos destinados a biocombustibles explican la subida del precio de los alimentos y, en gran parte, la consiguiente búsqueda de tierras. Más allá de su dimensión económico-social, este empuje tiene implicaciones geopolíticas.
Una de ellas es el control del agua. “Estas grandes inversiones se sitúan en zonas con un acceso estratégico al agua”, comenta en conversación telefónica Michael Taylor, analista del International Land Coalition, una ONG que sigue de cerca el fenómeno. “Por ejemplo, varios países de las cuencas del Nilo y del Níger son grandes receptores de este flujo de inversiones. Muchos de los contratos firmados en estos países no regulan claramente la cuestión del uso del agua. La utilización del caudal del Nilo ya es motivo de tensión entre Egipto y otras naciones de la cuenca. Cuando todos estos proyectos estén en pleno funcionamiento, son de esperar crecientes extracciones de agua. Hay un alto potencial para que se generen conflictos". Unos 200 millones de personas vivían en la cuenca del Nilo en 2005, y la ONU estima que serán 330 millones en 2030.

Crece en varios países la frustración de campesinos y pastores expropiados
Malí, uno de los países por los que pasa el río Níger, vendió o alquiló unos 2.400 kilómetros cuadrados de tierra a extranjeros tan solo en 2010, según datos recopilados por el Oakland Institute. Más de 100 millones de personas viven en la cuenca del Níger.

Países que sufren escasez de agua —como Arabia Saudí, Catar o los Emiratos Árabes Unidos— figuran entre los mayores protagonistas de la carrera por la tierra. “Pero también hay otras clases de inversores: países como China o India, que tienen agua para cultivar pero temen que en el futuro su sector agrícola sea incapaz de abastecer a sus grandes poblaciones; y empresas de países occidentales, que quieren tierra para cultivar biocombustibles, o simplemente vender más en el mercado internacional”, observa Taylor. No faltan tampoco inversores que simplemente buscan refugio de las turbulencias del mercado financiero.

La pugna por el agua está detrás de muchas de las compras de tierra
La pugna del agua no es la única evidente consecuencia geoestratégica en este fenómeno. También tiene un potencial desestabilizador en la política de Estados en los que la tierra es una cuestión vital, el medio de subsistencia directa de grandes porcentajes de la población.

Disturbios y tensiones

Madagascar es un caso premonitor de lo que puede ocurrir. En 2009, el rechazo a un proyecto para conceder a la empresa surcoreana Daewoo la explotación de una superficie de 13.000 kilómetros cuadrados —aproximadamente la mitad de Bélgica— fue el catalizador de un profundo malestar social que estalló con unos tremendos disturbios que dejaron decenas de muertos. El Gobierno que asumió el poder tras los desórdenes tumbó inmediatamente el proyecto. La frustración de campesinos o pastores expropiados o despojados del derecho de acceso a las tierras ha creado ya tensiones en varios otros países.

Los defensores de esta clase de proyectos alegan que las inversiones permiten crear nuevas infraestructuras, puestos de trabajo y una mejora de la productividad agrícola. Los detractores alertan de que, en la mayor parte de los casos, suponen el desalojo de comunidades enteras, que la creación de puestos de trabajo es muy inferior al número de personas que han perdido su medio de vida, que la exportación de la producción de esos terrenos daña países con mercado alimentarios muy precarios. Varias ONG han denunciado en los últimos años numerosos atropellos a los derechos de las comunidades locales.

Para reducir esos riesgos, el Comité sobre la Seguridad Alimentaria está impulsando un código voluntario de conducta internacional. El comité celebró una sesión en Roma del 17 al 22 de octubre, pero no logró terminar las negociaciones. Olivier de Schutter, relator especial de la ONU sobre el derecho a la Alimentación, alertó de que “está en marcha una carrera entre los inversores [que quieren obtener más terrenos] y la comunidad internacional, que quiere regular este proceso para evitar que tenga consecuencias pavorosas”.

“La atmósfera en la negociación es constructiva”, señala en conversación telefónica Duncan Pruett, consultor de Oxfam que asistió a la sesión del CSA. “El problema es que incluso si se llegara a un acuerdo en los próximos meses, ese código voluntario no tocaría en todo caso los factores que impulsan el fenómeno”.

Esos siguen ahí. “Nuestros análisis sugieren que nos espera una fase de volatilidad del mercado de alimentos”, explica George Rapsomanikis, economista de la FAO. “Además, varios casos de restricciones a las exportaciones —como las de India y Vietnam sobre el arroz en 2008, y la de Rusia sobre cereales en 2010/2011— parecen haber reforzado el deseo de autosuficiencia. Hemos pasado de una era en la que se impulsaba un mercado abierto, a otra en la que cada uno quiere protegerse”. Históricamente, actitudes semejantes han terminado a menudo causando graves tormentas en las relaciones internacionales.
El País

domingo, 30 de octubre de 2011

“Este fenómeno tiene un potencial conflictivo”

 
DAVID ANDERSON / Profesor de Estudios Africanos de Oxford
“África está siendo explotada otra vez. Sus tierras son la solución barata para los problemas de otros. Y es una situación con un potencial conflictivo”. Esta es la radiografía del gran acaparamiento de terrenos de cultivo en el continente africano por parte de inversores extranjeros que hace David Anderson, profesor del Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Oxford, en una entrevista telefónica desde Reino Unido.

Pregunta. ¿El arrendamiento de estas grandes superficies para cultivos puede dinamitar los equilibrios de reparto del agua?
Respuesta. La cuestión del agua es central en toda esta historia. Gran parte de estos proyectos solo son viables si la tierra puede ser bien regada. Lo que me preocupa es que ninguno de los Gobiernos en cuestión está desarrollando adecuados estudios hidrológicos del impacto del arrendamiento de estas enormes superficie. Pese a que hay acuerdos internacionales sobre el uso del agua, los Gobiernos están actuando sin cuidado. En parte, es porque creen que no todos los proyectos se desarrollarán realmente. Pero la falta de planificación, coordinación y análisis de las consecuencias es inquietante.

P. ¿Cree que este fenómeno puede alimentar disturbios?
R. Sí. Especialmente en el este de África. El agua ya es a menudo una causa de conflictos. Y a medida que se haga más escasa, inevitablemente se agudizarán las fricciones. En casos como estos, además, cuando lo que puede causar desabastecimiento es la introducción de proyectos con capital extranjeros, es fácil para la gente local ver la intervención extranjera como el enemigo y considerar que el gobierno local ha sido cómplice de esa situación. Entonces creo que este fenómeno tiene el potencial para ser conflictivo. En partes de Uganda y Etiopía, poblaciones locales ya han avisado de que si habrá desabastecimiento de agua, lucharán. Pero los gobiernos que están desarrollando estos proyectos tienen una visión muy autoritaria de la cuestión. Piensan que podrán sencillamente acallar estas protestas enviando el Ejército.

P. ¿Piensa que el fenómeno se acentuará en el futuro?
R. Es difícil hacer predicciones porque no hay datos fiables. Creo que los gobiernos en cuestión han deliberadamente enmascarado algunas de las actividades. Es importante fijarse en el precio de los alimentos, que es una de los mayores factores que han causado lo que está ocurriendo. Esto es una respuesta a la crisis global en la que estas tierras africanas aparecen como una solución barata para los problemas de otros. África se convierte en el lugar en el que otras partes del mundo pueden producir de manera más barata lo que necesitan. África es explotada otra vez.