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viernes, 11 de mayo de 2012

Hollande, la última carta dentro del sistema


Hollande columnaSi Angela Merkel decide no negociar con él, entonces el futuro de Europa deja de ser una incógnita para transformarse en una cuenta regresiva.
Alaa Abd El-Fattah es egipcio y revolucionario. En una entrevista realizada por Julian Assange[1], fundador de WikiLeaks, dijo: “Es un Estado postmoderno al que intentamos llegar, y no sabemos qué es exactamente, pero estamos teniendo una revolución y no simplemente reformas ordinarias. Por eso no importa lo que quiera el gobierno estadounidense (…) No sé si ganaremos esta vez, no sé si ganaremos alguna vez en esta vida, pero… basta con que casi cada semana yo tenga la sensación de poder rozar ese sueño”. ¿Y cuál es ese sueño?  “La plaza es una leyenda que dejará de existir si las familias de los mártires dejan de creer en ella. Nuestro sueño es una alternativa al régimen, si lo abandonamos por unos debates realistas, racionales y comprometidos que siguen órdenes prioritarias, desaparecerá. No hagan caso a los expertos y escuchen a los poetas, porque estamos en una revolución. Vayan con cuidado y láncense contra lo desconocido, porque es una revolución. Conmemoren a los mártires, porque entre las ideas, símbolos, historias y espectáculos nada es real salvo su sangre, y nada está garantizado salvo su eternidad”.
Hollande, finalmente, ganó las elecciones en Francia. Las respuestas de Alaa Abd El-Fattah ilustran lo que puede suceder si a la nueva esperanza europea, por cierto muy parecida a cuando asumió Obama en EEUU, no le dejan espacio para introducir “reformas ordinarias”. Ahora sabemos cuál es la otra alternativa. Europa no vive un estado pre-revolucionario al estilo clásico, pero está regada de pólvora. La diferencia se explica porque no hay una teoría, el horizonte es desconocido. Pero el camino sí se puede prever, las sociedades estallando ¿de un día para otro? No, sólo la chispa es instantánea.
Hollande representa el cambio dentro del modelo. Si Angela Merkel decide no negociar con él, entonces el futuro de Europa deja de ser una incógnita para transformarse en una cuenta regresiva. Para el reciente ganador de las elecciones, su preocupación principal será Francia. La política interna sigue resolviendo las elecciones y aún le faltan ganar los comicios legislativos que decidirán al Primer Ministro (Francia tiene un sistema semi-presidencialista, para imponer su política necesita además la mayoría legislativa). Sarkozy no perdió por los planes de austeridad impuestos al resto de la comunidad junto con Alemania, fue derrotado por deshacer el Estado de bienestar francés. Sin embargo, el peligro de implosión no está en los suburbios franceses, más bien en la periferia europea. Principalmente en España y Grecia, pero no hay que olvidar a Portugal o Italia. Por tanto, deberá afrontar dos urgencias distintas pero complementarias. Mantener la pequeña esperanza francesa y transformarse en el líder de la resistencia europea contra el neoliberalismo. España está imposibilitada luego de la voltereta ideológica de Zapatero, ex presidente socialista, y el gobierno de Rajoy que, en pocas palabras, es el sueño de cualquier revolucionario. Recorta el gasto público a su mínima versión para bajar el déficit, pero está dispuesto a seguir inyectando fondos públicos en el sistema bancario responsable de la actual crisis. En Grecia sucede otro tanto, todas las agrupaciones con posibilidad de formar gobierno expresan la necesidad de renegociar los planes de ajuste con la troika (FMI, Banco Central Europeo y Unión Europea).  
Los EURO bonos, la independencia del Banco Central Europeo (independiente del pueblo, no de ideología), la obligación de reducir el déficit público a países que viven una depresión económica con secuelas sociales profundas, serán los temas que deberán resolver en pocas semanas. La situación de la periferia europea no “aguanta” un largo debate político para definir la fórmula del crecimiento. Paradójicamente, el debate se saldó bajo el monologo neoliberal y su fracaso fue comprobado en todo el globo. De todas maneras, hay que reconocer que los actuales conservadores europeos no cuentan con una herramienta fundamental e histórica para salir de la crisis actual: hoy no pueden empaquetar la crisis y mandarla a otras latitudes. Por tal razón, deben solucionarlo con reformas internas en cuanto al papel del Estado; decidir quién gobierna, si la política o la economía; y democratizar la Unión, no es posible que el presidente de Alemania dicte el destino de todos sin un respaldo democrático de toda Europa.
En las últimas elecciones en Francia, Italia y Grecia, se vió un ascenso de los partidos políticos anti-sistema, de ultraderecha y hasta neonazis. En otros, el mismo discurso comienza a posicionarse con una fuerza capaz de torcer el rumbo político de muchos países y, como consecuencia, de la Unión. A la crisis económica y financiera, se suman: la crisis ecológica, resultado de la forma de producción, distribución y consumo de bienes actuales; la crisis política, o la nula discusión de ideas y alternativas que no sean sólo el estallido social; la crisis de gobernabilidad, resumida en la miopía ideológica que transforma cualquier reacción social en algo imprevisible; la crisis social, mediante la destrucción del empleo que repercute en la vida de las familias, desintegración de lazos sociales, etc.
Hollande es, incluso para los conservadores europeos, la última carta para evitar que todo salte por el aire. Resta saber si son capaces de dar cuenta del escenario global. Es también la última esperanza que se permitirán quienes ya no aguantan más. Y esto no por un sustento ideológico que posea el socialista francés, más bien porque debe demostrar a propios y extraños que la política institucionalizada de hoy todavía permite transformaciones. Los partidos y el sistema político son sólo la institucionalización de las transformaciones políticas que viven, vivieron y vivirán, todas las sociedades humanas. Si no están a la altura de las circunstancias, si se muestran obsoletas o no canalizan las demandas, las sociedades siempre se las arreglan para decir basta. En la política interna deberá sustentarse en el apoyo popular, en el exterior cuenta con los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para transformar las reglas de juego.  
 
Pablo Llentilin

[1] www.actualidad.rt.com

jueves, 19 de enero de 2012

El acuerdo secreto de Geithner con los dirigentes de la Unión Europea Michael Hudson · · · · ·


16/01/12
 

Los mercados de valores estadounidenses y extranjeros siguen zigzagueando salvajemente a la espera de despejar la incertidumbre sobre la supervivencia del euro y ante unas sufridas poblaciones que arrostran las consecuencias de las políticas de austeridad neoliberal impuestas a Irlanda, Grecia, España, Italia, etc. Voy a contarles la historia que me fue confiada por responsables económicos europeos en relación con los últimos episodios caóticos en Grecia y en otras economías europeas deudoras y presupuestariamente deficitarias. (Faltan los detalles, puesto que las negociaciones se han desarrollado en el más absoluto de los secretos: lo que sigue es, pues, una reconstrucción.) 

En otoño de 2011, resultaba evidente que Grecia no podría saldar su deuda pública. La UE sacó la conclusión de que había que depreciar esa deuda en un 50%. La alternativa a eso era la quiebra sobre el total de la deuda. Así que, básicamente, la solución para Grecia venía a reproducir lo que había ocurrido con la deuda latinoamericana en los 80, cuando los gobiernos substituyeron la deuda existente y los préstamos bancarios por bonos Brady, así llamados por el secretario del Tesoro de Reagan, Nicolas F. Brady. Esos bonos tenían un principal más bajo, pero al menos se consideraba seguro su cobro Y en efecto, se hicieron los pagos.

Esa quita griega del 50% parecía radical, pero los bancos europeos ya habían cubierto sus apuestas y subscrito seguros de impagos: los bancos norteamericanos se hacían cargo de buena parte de esos seguros.

En diciembre de 2011, un cuarto de siglo después de Brady, el secretario del tesoro de Obama, el señor Geithner, viajó a Europa para reunirse con los dirigentes europeos y exigirles que Grecia depreciara su deuda sobre la base de quitas voluntarias por parte de bancos y acreedores. Explicó que los bancos norteamericanos habían apostado a que Grecia no quebraría, y que, por lo mismo, su situación patrimonial neta era tan precaria que, si tenían que pagar por su mala apuesta, irían a la quiebra. 

Según me contaron los banqueros alemanes la situación, Geithner amenazó con cargarse a los bancos y a las economías europeas, si no se allanaban a pagar el pato y cargar ellos con las pérdidas: los bancos estadounidenses no tenían que pagar por los seguros colateralizados de impagos (CDOs) y por otras apuestas en las que habían vertido miles de millones de dólares.

Los europeos estallaron de indignación. Pero Geither terminó por ofrecerles un trato. De acuerdo: la Casa Blanca permitirá la quiebra de Grecia. Pero los EEUU necesitan tiempo.

Convino en abrir una línea de crédito de la Reserva Federal al Banco Central Europeo (BCE). La Fed suministraría dinero para prestar a los bancos en el ínterin cuando las finanzas de los gobiernos europeos  desfallecieran. Se daría tiempo a los bancos para que pudieran deshacer sus garantías de quiebra. Al final, el BCE sería el acreedor. El BCE –y presumiblemente, la Fed— cargarían con los costes, “a expensas del contribuyente”.  Los bancos estadounidenses (y probablemente también los europeos) evitarían así cargar con unas pérdidas que se llevarían por delante su situación patrimonial neta.
¿Cuáles son realmente los detalles de este acuerdo? Lo que sabemos es que los bancos estadounidenses están retirando la renovación de sus líneas de crédito a los bancos y a otros prestatarios europeos a medida que van expirando. El BCE actúa para cubrir la brecha. A eso se le llama “suministro de liquidez”, pero más parece un suministro de solvencia en una situación de insolvencia básica. Después de todo, una deuda que no puede devolverse, nunca se devuelve.

La idea de Geithner es que lo que una vez funcionó, puede volver a funcionar. Cuando la Reserva Federal o el Tesoro cargan con una pérdida bancaria, lo que hacen, simplemente, es imprimir deuda pública o abrir un depósito para los bancos en el banco de la Reserva Federal. La opinión pública no ve eso de manera tan perspicua como cuando le arrebatan directamente el dinero. Y el gobierno se limita a decir que se trata de “salvar al sistema financiero”, sin mencionar el coste del asunto “a expensas del contribuyente” (¡no a expensas de los bancos!).
Es un regalo.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

miércoles, 12 de octubre de 2011

"Europa no está unida ni se unirá"

El filósofo José Luis Sampedro ofrece una conferencia magistral sobre su vida y el agotamiento del sistema capitalista, en la Fundación Juan March

PEIO H. RIAÑO MADRID 12/10/2011 15:06 Actualizado: 12/10/2011 15:06

El maestro ha vuelto a hablar. Va donde le llaman, lo mismo en la plaza del Dos de Mayo, que en la Fundación Juan March, donde ayer ofreció una conferencia magistral titulada Autobiografía intelectual. Allí, en el centro del imperio cultural del banquero, soltó varias bombas contra la voracidad capitalista. "Los economistas se dividen en dos: los que hacen más ricos a los ricos y los que hacen menos pobres a los pobres. Buena parte de lo que está pasando hoy tienen la culpa los primeros", y el aforo, hasta la bandera, estalla en aplausos. Han dicho de él que como economista tiene un problema: nunca ha sabido hacer dinero, y él confirma que siempre le interesaron más los efectos sociales. Su mujer, Olga Lucas, que condujo el encuentro, apuntó que tiene una "mancha en su currículo": casi todos los ministros de economía de este país han sido alumnos suyos, Boyer, Solchaga, Solbes, Salgado "Hasta el director de El Corte Inglés".
Antes, a los 30 años de edad, trabajó para un ministro de Comercio en el váter de su despacho, que era "muy amplio". Allí tenía una mesita y con eso le bastaba. De hecho, ha escrito durante toda su vida sobre una tabla roída que apoya sobre los brazos de su butacón. Aquel ministro no quería tenerlo lejos, le consultaba constantemente y un buen día le pasaron una visita a su despacho: Juan March. Le advirtió que no se preocupara, que estar en el cuarto de baño, aunque fuera en su compañía, era "un honor". El humor no le ha abandonado, como tampoco lo ha hecho la lucidez, ni la memoria.
"Para falangistas y comunistas fui un peligro fusilable", recuerda Sampedro

La vida en un suspiro

Tras pasar sus recuerdos por la guerra y la posguerra, "mucho más ancha y larga que la guerra"; tras reconocer que él es un inmigrante que pertenece a un país que ya hadesaparecido: España, año 1935, hundida en el fondo del olvido; después de hablar de su paso por el batallón de anarquistas, de los que aprendió un credo claro e imborrable, "Ni Dios, ni amo", y asegurar que a los 9 quería ser jesuita y a los 19 anarquista; de reconocer que por aquel entonces él era más bien de derechas, porque le hablaban de crímenes, él sabía que no habían ganado "los suyos" (también combatió en el bando sublevado cuando Santander cae en sus dominios); tras subrayar con especial cariño el esfuerzo educativo de José Vidal-Beneyto en el proyecto CEISA, que duró apenas tres años porque "tenía un rigor y una fuerza tal que alarmó a las autoridades franquistas". Después de toda una vida abreviada en un suspiro: "Para falangistas y comunistas fui un peligro fusilable", entró a fuego con los problemas que ocupan nuestros días.
Primera mordida: la enseñanza. "Bolonia es el final de la universidad de siempre", lanzó agrio y abatido. "La universidad de siempre era la que se hacía para saber, la que se estudiaba para desprenderse de prejuicios, la que confirmaba que imperaba la razón. Ahora se pretende una universidad para hacer, para ofrecer productividad. Hoy las tres diosas del capitalismo son la productividad, la competitividad y la innovación. La universidad se hizo para pensar. Hoy hablamos de la necesidad de la libertad de expresión, ¿pero qué pensamiento va a usted a expresar? La libertad de pensamiento es esencial para pensar por cuenta propia, para apartarse de un pensamiento dogmático", dijo. A la grada hambrienta de intelectualidad y experiencia tiró otro axioma con ovación: "La sabiduría es el arte de vivir y lo importante es vivir al máximo".
Contó cómo trabajaba en el cuarto de baño del despacho de un ministro de Comercio

Un futuro oscuro

Segundo mordisco: Europa. Reconoce que ha evolucionado hacia el escepticismo. Vio nacer Europa, en los años cincuenta, con el Benelux, tuvo "entusiasmo europeísta para eliminar a Franco". Recurre a una imagen habitual de quien no quiere atender: "Europa está reunida", dando a entender que no atiende, que comunica. "Europa está hundida y con ella se hunde el capitalismo. No hace nada de lo que tenía que hacer, llevan 50 años tratando de ponerse de acuerdo, pero han fracasado porque el sistema capitalista está agotado. Asistimos a la decadencia de Europa: no se ha unificado, ni se unificará", sentenció el economista.
Antes de acabar quiso aclarar que él como novelista una docena de títulos ha escrito por necesidad. "No sé si bien o mal, pero lo he hecho lo mejor que he podido". Y retomó el último consejo de la tarde: "Nuestro deber y felicidad es llevar la vida al máximo. Para ello necesitamos la libertad, que la vida sea nuestra, que no nos la impongan". Un alegato a la humanidad y a la convivencia. Y recuperó su imagen favorita y más acertada: la libertad es una cometa bien atada, cuando más sujeta más alto vuela.

Público

viernes, 17 de junio de 2011

Diez puntos para entender la crisis que hace temblar a Europa

Paul Mason
Disturbios en Grecia
Las protestas en Grecia han degenerado en choques violentos con la policía.
Luego de otra semana de protestas, renuncias y nombramientos y duras negociaciones en torno a la crisis financiera griega, le echamos una mirada global a la situación y le explicamos en qué punto está la situación que hace tambalear toda la zona euro.

1. División en la UE

Los líderes de la Unión Europea está en desacuerdo sobre si Grecia debería poder entrar en una suspensión de pagos, controlada y parcial, que llevaría a los bancos y fondos de pensiones a perder parte del dinero que le han prestado a Atenas. Alemania dice que sí, el Banco Central que no.

2. Fracaso del rescate

La cuestión surge después de que se comprobara que el primer rescate (110.000 millones de euros) no funcionara. Ahora Grecia necesita otros 85 mil millones de euros de la UE y el FMI, y tiene que vender al menos otros 30 mil millones en acciones porque ya prácticamente no puede continuar poniendo deuda en los mercados.

3. Más recortes

Para justificar un nuevo rescate, ambos bajo sus propias reglas y después de que los votantes en Alemania, Finlandia y Holanda expresaran su disconformidad, la UE insiste en implementar un nuevo paquete de austeridad, con un 10% de recorte del gasto público, un tercio en salarios estatales y privatizaciones por 50.000 millones de euros.

4. Papandreou acosado

Papandreu
Prapandreu ofreció dimitir a cambio de que el nuego gobierno firme el plan de rescate.
Pero el primer ministro griego, George Papandreou, no ha conseguido pasarlo por el Parlamento. De hecho, la mayoría oficialista lo rechazó según salieron a la luz los detalles concretos y aumentó la presión pública. Para solucionarlo, ofreció formar un gobierno de unidad nacional a Nueva Democracia, oposición de centro derecha que rechazó la oferta. Luego propuso su dimisión a cambio de que el nuevo gobierno firme el plan de autoridad, pero no convenció a nadie.

5. Adiós a la estabilidad

Ahora, el único factor de estabilidad en la crisis del Euro ha desaparecido. Los burócratas europeos están ocupados en los términos y condiciones del rescate, pero los interlocutores confiables han desaparecido: incluso con el nuevo gobierno del jueves, ¿cómo puede la UE negociar si no hay garantía de que todo el espectro de medidas de austeridad puedan pasar por el parlamento griego?

6. El descuento está hecho

Por esto, los mercados ya dan por descontado una dura suspensión de pagos. Para ellos, de 50% a 70% del dinero ya está prácticamente perdido.

7. Crisis de crédito

Pero en el momento de plasmar eso en los libros de contabilidad, se va disparar una "cuestión de crédito" para los que estiman el valor y aseguran la deuda soberana. Esto instantáneamente despertará la aversión al riesgo entre la gente: adoptarán la estrategia de deshacerse de los activos en riesgo y se podría llegar a un punto en que los bancos se nieguen a prestarse entre ellos. Eso es una crisis de crédito, precisamente lo que temen los europeos. Si se da, tendrá un impacto negativo en toda la economía mundial.

8. Permitir la suspensión de pagos

Protestas en Grecia
La perspectiva de nuevos recortes públicos ha encendido los ánimos de la población.
¿Cuál es la posición de repliegue? Dejar que Grecia entre en suspensión de pagos -caótica o no- pero usar el dinero de los contribuyentes en rescatar a los bancos afectados en el norte de Europa. Eso es lo que la elite política alemana está considerando. La gente de los mercados está preocupada por Dexia, un banco belga que podría ser duramente golpeado, los que haría que el próximo problema se considerar sea... la deuda soberana belga.

9. Los perjudicados

"¿Hay un comodín? Sí, el pueblo griego. Ellos no aceptarán ningún nuevo plan de austeridad y tendrán éxito en la resistencia"
¿Quién va a perder? Cualquier fondo de pensiones o entidad financiera que le haya prestado dinero a Grecia, y los bancos y presupuestos del país. Atenas, si se sale del euro, también se verá forzada a implementar planes de austeridad, aunque al menos tendrá soberanía económica completa, lo que ahora no pasa.

10. Las alternativas

¿Hay alternativa? Sí, un Plan Marshall para Europa donde los contribuyentes alemanes, franceses y británicos envíen dinero voluntariamente a Grecia, Irlanda y Portugal, apuntalar sus bancos, sostener las finanzas del país, darle tiempo para hacer reformas estructurales. A cambio, estos recuperarían el control efectivo de la economía del sur de Europa e imponer un único régimen tributario y de gasto público en toda la Eurozona. Otra alternativa es dejar que salga del euro a la Europa periférica y reconstruir la unión monetaria con Dinamarca y Suecia como una especie de zona económica de noche oscura de inverno. Los políticos hacen que en realidad todo este punto 10 no tenga la más mínima posibilidad.

11. Los comodines

¿Hay un comodín? Sí, el pueblo griego. Ellos no aceptarán ningún nuevo plan de austeridad y tendrán éxito en la resistencia. Esto le dará ideas a Irlanda y Portugal. Otro comodín es la miopía de la elite de la Eurozona. No está claro si realmente entienden los puntos uno a diez.

domingo, 6 de junio de 2010

La responsabilidad de los líderes en la crisis europea

Por Hans-Jürgen Schlamp / Der Spiegel, derechos exclusivos para La Nación 
 
Europa “sufre un vacío de liderazgo en su hora de crisis”, dice Markus Ferber, jefe del grupo de la Unión Social-Cristiana en el Parlamento Europeo. Esto es especialmente evidente en Bruselas.

Viernes 4 de junio de 2010 | | Blog Columnistas 
 
Cuando las instituciones financieras del mundo capitalista occidental comenzaron a estremecerse en el otoño (del hemisferio norte) de 2008, algunas de ellas colapsando y arrastrando consigo a otras, el miedo irrumpió en los pasillos del poder. ¿Qué podía hacerse para evitar un derrumbe económico? Los ministros de Hacienda y los líderes mundiales se congregaron en cumbres de crisis, donde aplicaron parches curita a un sector financiero gravemente herido, utilizando miles de millones de dólares y euros de dinero de los contribuyentes y prometieron estabilizar por toda la eternidad al frágil sistema. Ha pasado más de un año desde entonces, pero no se ha hecho nada muy sustantivo.
Cuando los primeros estados se encontraron al borde de la bancarrota (Lituania, Estonia, Hungría y luego Grecia), los líderes donaron más y más miles de millones de dinero de los contribuyentes y recetaron remedios drásticos bajo la forma de estrictas medidas de austeridad, incluso para ellos mismos.
“Hicimos lo que era necesario”, dijo una aplomada Canciller alemana Angela Merkel en cada etapa de la crisis. Sus colegas asentían con satisfacción. Al mismo tiempo, la mayoría de ellos ni siquiera atisban si sus actividades han sido útiles o contraproducentes, o si han tenido algún efecto. “Me preocupa que muchos políticos creen que las cosas serán iguales después de la crisis a como eran antes de ella, cuando el mundo todavía estaba en orden”, dijo a un grupo de colaboradores Carsten Pillath, director general del Consejo Europeo, responsable por la política financiera. Pero Pillath, como muchos otros economistas, cree que eso es un gran error. “En el largo plazo, tendremos tasas lentas de crecimiento, mientras al mismo tiempo tendremos que limpiar los presupuestos sobreendeudados”, dijo. Sin embargo, para que Europa logre hacer eso necesita un “modelo macroeconómico”; en otras palabras, una meta que pueda brindar la base para decisiones de política económica. Pero el hecho es que los políticos ni siquiera están pensando en esto. Los hombres y mujeres elegidos para los altos cargos están sobre todo interesados en una cosa: ser reelegidos y conservar su poder. Todo lo demás es secundario.
Desolación
Si se mira en estos días el paisaje político, la imagen que se obtiene es en gran medida de desolación: los partidos políticos en Bélgica, Luxemburgo y Holanda, países básicos del proyecto europeo original, están atrapados en batallas interminables, crisis de gobierno y payasadas provincianas.
• En Europa Oriental (Hungría y Eslovaquia, por ejemplo), los partidos nacionalistas están alimentando los fuegos de la ira en sus propios países.
• En Grecia, el actual gobierno tiene problemas para lidiar con un legado heredado de sus predecesores. Durante décadas, tres familias se han turnado en gobernar al país, con sólo unas breves interrupciones de vez en cuando. El clan Papandreou del actual Primer Ministro es uno de ellos. Los manejos corruptos de su abuelo, quien dirigió una vez al país, son materia de leyenda. Y el pueblo de Grecia, ya fuera pasiva o activamente, se adaptó al sistema.
• La situación no es diferente en Italia: el país, uno de los miembros fundadores de la Unión Europea, se ha mantenido en un estado de negación política durante años. El pueblo italiano dormita frente a los programas de televisión del zar de los medios y Primer Ministro, Silvio Berlusconi, quien dedica tiempo completo a proteger a sus partidarios en el Parlamento con más y más leyes nuevas que los salven de procesos judiciales. Por su parte, los políticos de oposición se devoran entre sí por trivialidades.
Durante largo tiempo, el doble acto alemán-francés aseguró por lo menos una cantidad mínima de liderazgo y orientación en Europa. Pero esos días terminaron también hace rato. Considere, por ejemplo, las siguientes preguntas: ¿necesitamos una gobernabilidad económica europea? ¿Deberíamos prohibir los fondos de riesgo? ¿Cuán masivas deberían ser las medidas de austeridad que se están instaurando? ¿Necesita ser estimulada la economía de Europa?
Los gobiernos de Alemania y Francia están dando actualmente respuestas contradictorias a estas preguntas; o, peor, no están dando ninguna respuesta. Casi peor es el hecho de que los líderes de los países no sólo están muy distanciados en lo que respecta a las metas. Difieren también radicalmente en su estilo de hacer las cosas: Nicolas Sarkozy es un egomaníaco hiperactivo, mientras Angela Merkel es una taimada vacilante. No tiene sentido tratar de “esconder el hecho de que hay tensión entre Francia y Alemania”, escribió el senador francés Jean Bizet en un reciente ensayo para Le Monde; y es improbable que haya usado su pluma de una manera tan controversial sin discutirlo primero con Sarkozy, un estrecho aliado político.
La crisis de Europa no es un accidente causado por la economía globalizada. Es el resultado de un fracaso político:
¿Quién fue responsable de liberalizar los mercados financieros, y de celebrar ese hecho, hasta que prácticamente ningún control siguió siendo posible? ¿No fueron acaso los políticos: los conservadores por aquí, los izquierdistas por allá, y los liberales de mercado en todas partes?
¿Y no fueron los políticos los que aceptaron el hecho de que las economías de la zona del euro se estaban separando, diciéndole al mismo tiempo a la gente que eso no era malo?
¿Y quiénes fueron los que acumularon las gigantescas montañas de deudas, porque resultaba tan conveniente y porque les evitaba tener que hacer exigencias al electorado? ¿No fueron esos mismos políticos que hoy llaman a esta deuda la raíz de todos los males y que están tratando heroicamente de despejarla?
¿Y es el regreso a los intereses nacionales y el distanciamiento de la solidaridad europea, sólo para mantener contentos a los votantes de mente nacionalista y populista, realmente la vía para solucionar los problemas de Europa?
El enfermo continente necesita nuevos y mejores políticos. Pero ¿dónde los podríamos encontrar? No hay señales de un Obama europeo ni de nada que remotamente se le parezca.
A la gente se la está engañando con “tendencias de renacionalizaciones” y con políticas que son cada vez más provincianas, sostiene Manfred Weber, de la conservadora Unión Social-Cristiana alemana, partido hermano de la CDU de Angela Merkel, y jefe adjunto del Partido Popular del Parlamento Europeo. Hay personas “que piensan que pueden resolver mejor los problemas por su cuenta, en su propio país”, dice. Pero afirma que esa manera de pensar es incorrecta: “Sólo refuerza los prejuicios”. Su conclusión: “No hay suficientes europeos de verdad involucrados en la política”.
Europa está “sufriendo un vacío de liderazgo en su hora de crisis”, asegura Markus Ferber, jefe del grupo de la Unión Social-Cristiana en el Parlamento Europeo. Eso es especialmente evidente en Bruselas, centro de control de la Unión Europea. Es el lugar donde idealmente deberían producirse propuestas rápidas y decisivas para abordar la crisis, ensambladas de tal manera que protejan los intereses de los 27 estados miembros. Pero en el momento de la crisis más amenazadora desde la fundación del bloque, las personas a cargo del timón en Bruselas son figuras pálidas y débiles.
La Comisión Europea, a la que le gusta presentarse orgullosamente como guardián del Santo Grial, bajo la forma de los tratados europeos, y que se considera a sí misma como el centro del proyecto político del siglo, ha estado completamente fuera de foco cuando se trata de gestión de crisis. Primero, permaneció en silencio para no poner en peligro la reelección de su Presidente, José Manuel Barroso. Y una vez que fue confirmado en el cargo tras un prolongado punto muerto, ha sufrido tantas indignidades que los líderes de las capitales europeas importantes ya no lo pueden tomar en serio. Además, la ratificación del Tratado de Lisboa, el documento sucesor de la fracasada Constitución Europea, puso al Parlamento Europeo (que previamente era un sitio de conversación sin demasiado poder) en un pie en gran medida de igualdad con la Comisión. El Parlamento y el Consejo Europeo, que comprende a los jefes de Estado o de Gobierno de los 27 miembros de la UE, se han convertido de pronto en los polos del poder en Bruselas, dice el profesor Jörg Monar, del Colegio de Europa, una universidad conocida por adiestrar a futuros burócratas. Dice que la Comisión Europea “está quedando crecientemente aplastada” entre los dos.
Desayuno los lunes
El ex Primer Ministro belga Herman van Rompuy lo ha hecho hasta ahora todo para cambiar la situación de malestar en Bruselas. Fue elegido como el primer presidente permanente del Consejo Europeo y se suponía que brindaría más solidaridad europea a las reuniones de los líderes de la UE. Esa iniciativa se diluyó bastante. “Van Rompuy viajaba por el Asia cuando se realizaba la cumbre por la crisis en Bruselas”, se quejó Ferber, agregando que el presidente de la Comisión Europea, Barroso, estaba “dedicado a la cumbre UE-América Latina”.
Ahora, los impotentes quieren reagruparse. Van Rompuy anunció la creación de un “gabinete de crisis” que congregaría a “los principales actores y las principales instituciones”. Incluiría al presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, al presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, y naturalmente al mismo Van Rompuy. “Es hilarante”, dijo un asesor del gobierno en Berlín, como respuesta. Y dentro del Palacio del Eliseo, la residencia oficial de Sarkozy, la gente “se rió a gritos”, según conocedores. Desde entonces, Barroso y Van Rompuy han rebajado un poco su ambicioso plan. Ahora se reúnen al desayuno todos los lunes.
 La Nación

miércoles, 6 de enero de 2010

Juica: “Poder Judicial no se comportó a la altura” en dictadura

Recién nombrado nuevo presidente de la Corte Suprema admitió que tiene un juicio crítico sobre la actuación de magistrados durante el régimen de Augusto Pinochet.

Viernes 18 de diciembre de 2009 | Actualizada 12:50 | País
Juica: “Poder Judicial no se comportó a la altura” en dictadura
Foto: Poder Judicial

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    Milton Juica elegido nuevo presidente de la Suprema
Bajo la premisa de que la “justicia no estuvo a la altura” de las circunstancias durante la dictadura, el recién electo presidente de la Corte Suprema, Milton Juica, admitió las debilidades en ese período del Poder Judicial.
Tras ser aclamado por unanimidad por los integrantes del máximo tribunal, Juica no dudo en afirmar que “en la época de la dictadura el Poder Judicial no se comportó a la altura, especialmente la Corte Suprema” al tiempo en que añadió que esta frase corresponde a su visión personal de los hechos.
El magistrado que reemplazará a Urbano Marín, quien deja el puesto el próximo 6 de enero, detalló los magistrados de ese período “han tenido sus razones para haber actuado como lo hicieron y yo tengo, por supuesto y siempre lo he dicho, un juicio crítico respecto de la gestión que se hizo en ese momento respecto del tema de los derechos humanos”.
 Juica tuvo en sus manos investigaciones como la Operación Albania en que logró confesiones claves para develar este crimen.
El magistrado que se desempeña en la actualidad como ministro en la Tercera Sala, que ve temas civiles, se refirió superficialmente al caso del magistrado Alejandro Madrid suspendido momentáneamente del proceso por la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva. Al respecto dijo “no quisiera entrar en hacer una apreciación respecto de un juicio que incluso se encuentra bajo el conocimiento de la Corte Suprema y nosotros somos muy respetuosos de no anticipar ningún juicio respecto de un proceso pendiente”.
 El ex vocero del máximo tribunal analizó también la independencia económica que ansía el Poder Judicial, panorama que dijo conversará con los representantes del Ejecutivo y Legislativo para analizar proyectos "emblemáticos" que otorgarán este beneficio y ayudarán al proceso de modernización de la justicia.